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  • María Fernández Lago

EL VERSO EN EL SONIDO


A donde llegó la paz

que traías a hurtadillas

no llegan las maravillas

del verso más eficaz.

Eres la estrella fugaz

que sana la copa rota,

el ángel de mi derrota

y el hogar de toda urgencia,

tu conciencia es mi conciencia

desleída gota a gota.

Yo sigo sin ver muy claro

el horizonte del verso

que en seguridad inmerso

te atraviesa de un disparo.

Invisible me declaro

y te declaro mi acento,

quietud en el movimiento

y final de la mentira,

porque el amor le retira

el dolor al pensamiento.

En esta calma inicial,

prefiero lo sosegado,

el abrazo pareado,

el candor de igual a igual.

En la versión oficial

en esta vuelta al olvido

no dirán que me he escondido,

porque grité al viento el nombre,

porque tu verso de hombre

ha hecho nido en el sonido.


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PARA EL HOMBRE

Para el hombre escribo. Mira allí, donde el día se clava. La misma luz es la tuya, sábete siéndola. Llama de la mujer que te alumbra. Espejo y luna, fría fragua. Luz por dentro y luz reflejo. Fuego en

©
 

María Fernández Lago

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