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  • María Fernández Lago

QUE DARÍO ME PERDONE


Dios de la paciencia, rey de toda ciencia,

deja que me explique porque estoy cansada

del “=“ que iguala donde no hay igual,

que sea este breve breviario una espada,

una lanza rota por quien no ha hecho nada.

No todas son santas ni todos Satán.

De las adheridas, las advenedizas,

las esparadrapas que los tratan trapos,

las que por marido traducen guiñapo,

manipuladoras de lágrima en ristre,

garrapatas tristes,

sentimentaloides de afecto ramplón,

líbranos, Señor.

De las pataletas, de los papelones,

de melodramáticas,

y de las histéricas y las neurasténicas

y sus guionistas

y sus terapeutas,

líbranos, Señor.

De a las que el trabajo hace feministas

por este hecho insólito: hay que trabajar,

reivindicativas de cuarto de hora

que muestran sus bíceps sin ningún pudor

fieles a la suma del pan y el sudor,

¡horror, mundo cruel!,

pero que las cuentas se las pague él,

líbranos, Señor.

De las que secuestran semen a su antojo

y son como usinas de puro rencor,

de tóxicas madres del ojo por ojo,

de “Madres en Facebook”,

de las madres únicas

y sus condiciones y por pantalones,

líbranos, Señor.

De telenovelas a las tres y media,

de puertas abiertas de vecinas cluecas,

del hembraje plástico,

de las reguetonas y del reguetón,

líbranos, Señor.

De las exigentas y de las sargentas,

de las prepotentas,

de las dependientes

o las dependientas,

líbranos, Señor.

De las cizañeras de las redes nuevas

que filtran su inquina por cualquier rendija,

blablá blablabla bla dos puntos rumor,

uña complicada, pestaña postiza,

bravas de wasap,

líbranos, Señor.

De las meapilas que azuzan, cristianas,

a cualquier hermana,

de lobas hambrientas con piel de cordero,

¡que viva el dinero!,

vampiras piadosas con cara de pena,

la juez en el juicio, verduga en la arena

y de tanto amor,

líbranos, Señor.

De manutenidas y de manutentas

como profesión,

las exprimidoras y de sus parientas,

las educadoras en su tradición

de una nueva hornada del no pasa nada

y de su manada,

líbranos, Señor.

De las despechadas,

de las empachadas,

de las empachosas

y de las chismosas de chismes sedientas,

mosconas molestas,

de las caprichosas y sus zapatiestas,

de las hermanastras de la Cenicienta

y de ForoCoches

y Yahoo Respuestas,

líbranos, Señor.

Dios de la paciencia, rey de toda ciencia,

no todas, algunas, no todas, perdón

no todas, no toda, pero son legión.


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María Fernández Lago

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