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  • María Fernández Lago

LA FLOR ATEMPORAL Y EL ÁRBOL ALTO


Bajar desde la nube hasta la tierra

para prender la nube y aprenderla,

pues fuera de la nube hay un guerra

de blancos y de negros,

de sumas y de restas,

librándose en la orilla de esta perla.

En la unión hay quietud, silencio exacto

de la nada en su hacer, que es hacer nada,

un hogar descubierto, un cero intacto,

el lugar no lugar,

la paz extraña,

la flor atemporal y el árbol alto.

No importan los murmullos. Ya se acalla:

el rumor el silencio sustituye.

La palabra en la guerra es la metralla

y las balas no saben,

y las balas no intuyen,

que la inocencia gana la batalla.


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